Narrativa · Formato

Música y ficción: cuando las canciones construyen un mundo

Hay discos que cuentan una historia. Hay artistas que inventan personajes. Y hay proyectos donde música, video y ficción son partes de la misma obra. La frontera entre una canción y un relato hace tiempo que dejó de estar clara.

Brunio Who Buenos Aires Lectura de 5 minutos

Una figura de espaldas en una Buenos Aires nocturna, el mundo de La Frecuencia.
Arte de La Frecuencia, la segunda temporada de Brunio Who
La Frecuencia, la segunda temporada: mismo proyecto, otro sonido y otro mundo.

Una canción puede contar algo. Un proyecto puede construir un mundo

La música siempre contó historias. La diferencia aparece cuando la historia no termina al final de una canción.

Un personaje reaparece en otro tema. Un videoclip continúa algo que había empezado antes. Una tapa deja pistas. Un disco tiene un principio y un final. La obra siguiente retoma elementos de la anterior.

En ese punto ya no estamos frente a una colección de canciones. Estamos entrando a un universo.

No hace falta entender toda la historia para disfrutar de la música. De hecho debería funcionar al revés: primero entra la canción y después, si uno quiere seguir mirando, descubre que hay algo más atrás.

Del álbum conceptual a la narrativa musical

El álbum conceptual es probablemente la forma más conocida de unir música y relato. En lugar de reunir canciones independientes, el disco se organiza alrededor de una misma idea, personaje, situación o historia.

Pero el concepto puede ir más lejos. Puede aparecer en:

Cuando todas esas partes responden a una misma lógica, el disco deja de ser solamente un disco. Se convierte en una puerta.

El formato tiene una historia larga en la Argentina, de La Biblia a Artaud y de ahí a los discos que hoy se siguen pensando como una obra entera: está contada en álbumes conceptuales argentinos.

Cuando el artista también inventa personajes

Hay otra posibilidad: que la ficción no esté sólo en lo que pasa, sino también en quién lo cuenta. Un artista puede exagerarse, fragmentarse o directamente inventar otras identidades.

Los personajes permiten hacer algo que una biografía no permite: hablar desde lugares contradictorios. Uno puede representar el ego. Otro el miedo. Otro la noche. Otro el dinero. Otro la necesidad de desaparecer.

El personaje funciona entonces como una máscara, pero no necesariamente para esconder al artista. A veces sirve justamente para mostrar algo que sin esa máscara sería más difícil de decir.

El video deja de acompañar a la canción

En gran parte de la música popular el videoclip aparece después de la canción: la canción existe y después se fabrica una imagen para acompañarla.

En un proyecto narrativo puede pasar exactamente al revés. Música e imagen nacen dentro de la misma idea, y entonces el video ya no tiene que explicar literalmente la letra. Puede mostrar otra parte de la historia. Puede presentar un personaje. Puede contradecir lo que dice la canción. Puede dejar una escena sin resolver que reaparece meses después.

Ahí aparece algo más cercano al cine o a una serie que al videoclip tradicional.

El problema del streaming

Todo esto sucede en una época diseñada para hacer exactamente lo contrario.

El streaming favorece la canción individual. Las playlists mezclan artistas. El algoritmo puede sacar un tema de su disco y ponerlo entre otros veinte que no tienen nada que ver.

Una narrativa musical propone otra forma de escuchar: podés entrar por cualquier canción, pero existe algo más grande si decidís quedarte.

Por eso el objetivo no debería ser obligar a nadie a estudiar una historia antes de escuchar. Primero tiene que funcionar la música. Después aparece el resto.

Un proyecto musical contado por temporadas

Brunio Who trabaja sobre esa idea, pero en vez de organizarla solamente por discos la organiza por temporadas. Cada temporada tiene:

El género puede cambiar de una temporada a otra sin que cambie el proyecto.

La primera, Brunio’s Mind, se mueve entre funk, disco e indie dance dentro de un mundo de personajes que representan distintas partes de una misma cabeza.

La segunda, La Frecuencia, se traslada a una Buenos Aires nocturna donde tango, hip hop y transmisiones imposibles empiezan a mezclarse.

La siguiente es Entra Madness.

Las temporadas cambian. La historia continúa.

La Frecuencia: una radio como forma de contar

En La Frecuencia la estructura narrativa no está afuera del álbum. Está adentro.

El disco funciona como una transmisión. Hay interferencias, voces, señales y canciones que parecen llegar desde distintos puntos de Buenos Aires. El tango representa una memoria que todavía sigue transmitiendo; el hip hop pertenece al presente. Y entre los dos empieza a aparecer algo que no debería estar ahí.

No hace falta conocer nada de esa historia para escuchar Gardel No Vuelve, Tango Beats o Tiempo de Arrabal. Pero cuando las canciones se escuchan juntas, empiezan a formar otra cosa.

Música primero. Universo después

El riesgo de cualquier proyecto conceptual es convertirse en tarea. Si para escuchar una canción hay que leer treinta páginas de historia previa, algo salió mal. La ficción debería funcionar como profundidad, no como barrera de entrada.

Una persona puede escuchar una canción de Brunio Who y no saber de qué temporada es. Otra puede ver todos los videos, seguir a los personajes y buscar conexiones entre una temporada y la siguiente. Las dos experiencias son válidas. La obra es la misma. Lo que cambia es hasta dónde entra cada uno.

La historia ya empezó. Brunio Who es un proyecto musical de Buenos Aires contado por temporadas: cada temporada cambia de sonido y de mundo, y todas forman parte de la misma historia. Por dónde entrar está contado en qué es Brunio Who y cómo funcionan las temporadas.

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